3).------------ ESTUDIANDO NUESTRO FUTURO.
3-7).---------- FRACASO EDUCATIVO Y DERROTA VITAL.
El fracaso educativo es más que el simple fracaso escolar que, en la mayoría de los estudios, hace referencia al desastre que sufren miles y miles de jóvenes en la decisiva edad de entre 14 y 16 años. Y aunque el fracaso escolar no sólo ha de ceñirse al alto número de suspensos en los exámenes de fin de curso, sino también al absentismo y sobre todo a las llamadas "deserciones", es decir, a los abandonos de los estudios, aun así, o sea, aunque investigaciones rigurosas datan de alrededor de un 50% el fracaso escolar, el fracaso educativo es todavía más espeluznante y demoledor. Por fracaso educativo hemos de entender el que se produce al final del período completo de estudios universitarios o politécnicos, al final de la fase educativa en su totalidad, cuando se supone que la persona ha de dar ya el salto definitivo al proceso de trabajo. Entonces se comprueba que únicamente una muy reducida porción de l@s estudiantes han acabado los estudios -"la carrera"- que comenzaron y que de éstos, de los que han concluído, son todavía menos los que han encontrado un trabajo acorde con esos estudios. El fracaso educativo es de una magnitud sobrecogedora. Por eso Marx hablaba con razón de "devastación intelectual".
Dado que el orden educativo dice que se estudia para acceder a un trabajo acorde con ese estudio, y dado que el disponer de un trabajo asalariado es decisivo para la inserción oficial en la sociedad burguesa, el fracaso es una derrota en el proyecto de vida que la persona se había hecho, o su entorno familiar le había inculcado o impuesto. Derrota también por tanto de la unidad familiar que había puesto sus esperanzas en esa carrera u otra similar, y que había invertido tiempo y dinero en su logro. La persona, su totalidad vivencial, cotidiana, ha estado en función de ese logro. Cuando fracasa, fracasa más que un esfuerzo por muy duro que haya sido, pues se hunde un proyecto interpersonal, colectivo, de vida. Muy contadas son las personas que reinician la batalla por una nueva posibilidad de triunfo. La inmensa mayoría se resigna a la derrota o a lo sumo se contenta con un sucedáneo de esa carrera, una especialización inferior, menos estimado y valorado por el terrorismo simbólico-material burgués. Pero la desmoralización de la derrota se suma a las cadenas inconscientes, miedos y angustias de la estructura psíquica de masas que esa persona también lleva en sí, reforzando sus ataduras e impotencia psicosomáticas, su apatía, indiferencia y pesimismo. Se produce así una derrota vital en unos años cruciales. Sólo la trampa de un consumismo frustrante y compulsivo y de un individualismo obediente, neurótico y sado-masoquista puede hacerle creer ilusamente que se ha recuperado de la catástrofe vital.